Cuando la Policía Nacional entró el pasado 10 de julio en una finca aislada de Lleida, el laboratorio ya estaba funcionando. Una parte de la metanfetamina permanecía disuelta en miles de litros de aroma artificial de vainilla; otra había comenzado a pasar por los procesos de extracción, purificación y cristalización necesarios para devolverla a su forma comercial.
El hallazgo principal se extendía mucho más allá de aquella instalación: el Cártel Jalisco Nueva Generación había conseguido montar en Cataluña una cadena logística completa, desde la recepción de un contenedor procedente de México y su almacenamiento en la provincia de Barcelona hasta el traslado de la mercancía a una nave intermedia y, finalmente, al laboratorio oculto en el interior.
Cadena logística y tecnología al servicio del cultivo ilícito
Fuentes de la División de Investigación Criminal de los Mossos d'Esquadra consultadas por EL ESPAÑOL describen la situación como una infiltración del cártel en la costa catalana, construida durante al menos tres años mediante grupos reducidos, emisarios mexicanos y acuerdos con delincuentes establecidos en Europa.
Su presencia adopta la forma de empresas de transporte, almacenes, naves industriales, alquileres rurales y carreteras que conectan el litoral con fincas suficientemente apartadas para manipular toneladas de sustancias químicas.
Una operación coordinada desde Francia y España
La última operación, desarrollada por la Policía Nacional junto con la Oficina Antiestupefacientes de Francia, comenzó a principios de junio, cuando las autoridades francesas detectaron un contenedor marítimo procedente de México cuyo destino final era España.
La investigación partió de una Orden Europea de Investigación emitida por las autoridades judiciales francesas y coordinada en España por la Fiscalía Especial Antidroga de la Audiencia Nacional. En la documentación del cargamento figuraban cerca de 12.700 kilos de aroma líquido de vainilla. En el interior viajaban disueltas más de 2,5 toneladas de metanfetamina.
Un ingeniero químico y una estrategia de laboratorio en la costa
Cadena de mando: En aquella célula, según su testimonio, los mexicanos aportaban la fórmula y el control del producto; ciudadanos españoles facilitaban empresas, compras, viviendas y movimientos; albaneses e italianos ofrecían conexiones para distribuir la mercancía.
El laboratorio podía desaparecer después de una producción, los químicos regresar a México y los intermediarios cambiar de nave sin que la estructura general quedara desactivada. Europol lleva años observando esta cooperación entre redes mexicanas, que suministran droga y especialistas, y organizaciones europeas que proporcionan infraestructura local y rutas de distribución.
“El Inge” y la aventura europea
En 2024, durante una investigación sobre la expansión de los cárteles mexicanos en España, EL ESPAÑOL localizó a un ingeniero químico que había trabajado para esta misma rama del CJNG y que viajó desde México a Europa en 2023 para levantar un laboratorio cerca de la costa catalana. Fue nombrado Juan Francisco para proteger su identidad. Salió de Ciudad de México en un vuelo comercial, llegó a París y continuó en tren hasta un punto situado, según su relato, “a unas dos horas de Barcelona”.
Allí lo condujeron a una casa de campo donde ya estaban preparados los bidones, extractores, hornos y productos que había solicitado desde México. Juan Francisco llegó como técnico. Había estudiado ingeniería farmacéutica, trabajado en la industria legal y aprendido después a fabricar metanfetamina en laboratorios clandestinos de Jalisco, donde se ganó el apodo de "El Inge".
Dinámica de grupos y cooperación transnacional
Europa había visto ya, en varias ocasiones, alianzas entre redes mexicanas y operadores europeos que proporcionan la infraestructura local y las rutas de distribución necesarias para mover grandes volúmenes de droga. El esquema se reparte por tareas: Un grupo recibe el contenedor, otro almacena la mercancía, un transportista la mueve, un químico recupera la droga y una red distinta se ocupa de colocarla. Las empresas implicadas pueden conservar actividad legal, los inmuebles cambian de arrendatario y cada participante conoce sólo la parte imprescindible.
La costa catalana como eslabón logístico
La costa catalana ofrece un tejido logístico conectado con el comercio internacional, almacenes y polígonos donde un movimiento de mercancías puede confundirse con miles de operaciones legales, carreteras rápidas hacia Francia y hacia el resto de España y un interior agrícola e industrial donde alquilar una finca sin atraer una atención inmediata.
En esta operación, Barcelona concentró la recepción y el almacenamiento inicial; Lleida acogió el laboratorio; Tarragona completó el mapa de domicilios, detenciones y registros. Los Mossos mantienen más de una línea de investigación relacionada con operadores vinculados al CJNG y con la llegada de especialistas mexicanos para asesorar laboratorios de drogas sintéticas.
El perfil de los “cocineros” y el contexto humano
"Son los mejores en esto de cocinar y ocultar. Les seguimos de cerca, pero es cierto que sus métodos son nuevos para Europa y cada vez más perfeccionistas", subraya un investigador jefe del cuerpo.
El relato de Juan Francisco y los detalles de su labor muestran una combinación de experticia técnica y redes de apoyo que permiten escalar la producción sin desmantelar la estructura logística. La presencia de “cocineros” convierte el territorio en una fase activa del proceso y establece una relación más estable entre el proveedor mexicano y sus socios europeos.
La historia de Marcial Sánchez González y el “Breaking Bad” español
La dimensión española de esta estrategia quedó expuesta en noviembre de 2025 con la Operación Oyamel. La Policía Nacional, la DEA y las autoridades neerlandesas anunciaron la caída de la "oficina" del CJNG en España, una red con 20 detenidos que introducía cocaína y metanfetamina oculta en maquinaria industrial y utilizaba fincas de Madrid, Ávila y Toledo para almacenarla.
Entre los investigados había objetivos prioritarios para Estados Unidos, miembros de la Camorra y un empresario español que proporcionaba sociedades y logística. Aquella operación mostró la extensión nacional del cártel, pero la investigación de Cataluña permite observar su especialización. La presencia de "cocineros" convierte el territorio en una fase activa del proceso y establece una relación más estable entre el proveedor mexicano y sus socios europeos.
Protagonista local: José Vicente Moll y el laboratorio en Teulada
El hombre al que la Guardia Civil considera el cerebro del mayor laboratorio de drogas sintéticas desmantelado en España es un humilde obrero de la construcción alicantino de 44 años. Los vecinos de Teulada repasan estos días la biografía de José Vicente Moll y su comportamiento de los últimos tiempos en busca de alguna extrañeza, de indicios que delaten el Breaking Bad que presuntamente tenía montado en casa, pero no lo encuentran.
“Lo consideramos el líder de la organización, encargado de la confección del cristal y de la distribución de las sustancias estupefacientes”, dice categóricamente Javier Rogero, jefe del Departamento de Delincuencia Organizada de la UCO. José Vicente no ha faltado un sólo día a su puesto de peón en la obra y se ocupaba personalmente también de unos cuantos olivos y almendros que tiene por herencia familiar.
La operación en Teulada: laboratorio oculto y vigilancia vecinal
Está ubicada en una parcela alejada del casco urbano de Teulada, resguardada por árboles y matorrales, un escenario que la Guardia Civil considera ideal para que pasaran desapercibidos "los ruidos y olores propios de la elaboración del cristal". En esta finca, en una especie de garaje a pocos metros de la casa principal, se ocultaba el laboratorio. Los vecinos de Teulada sabían de la detención de José Vicente desde hacía dos semanas, pero se rumoreaba que sólo le habían cogido unos kilos de drogas, siete o 15, según el corrillo al que se acercara la oreja.
El laboratorio y la magnitud de la operación
Conocieron la verdadera envergadura del presunto delito cuando visionaron el vídeo que la Guardia Civil distribuyó el pasado jueves, al hacerse pública la operación. En las imágenes se ve el garaje-taller de José Vicente y las estanterías donde tiene la taladradora, cables o el aceite del coche. Un agente tira de una balda y la estantería se convierte en la puerta que da acceso al laboratorio. El espacio puede tener unos 200 metros cuadrados y alberga una infraestructura que nada tiene que envidiar a la de los protagonistas de Breaking Bad: decenas de bidones metálicos, paredes cubiertas de material aislante, máquinas de laboratorio industriales, depósitos para cocinar la droga, cientos de bandejas en estanterías y el suelo con las sustancias en proceso de elaboración.
“Trabajaban a demanda, por así decirlo; igual que en España se pide el cristal con cierto color oscuro y lo denominaban Coca-Cola, para países de Europa del Este, donde gusta blanquecino, lo hacían de colores más claros», dice el teniente coronel Javier Rogero, dando cuenta de la capacidad técnica de los cocineros.
Detenciones y balances de la red
Los cocineros, según la investigación, eran José Vicente y los dos belgas, S. A. H, de 55 años, y E. G, de 57 años. El primero de los belgas no es otro que Stephan, dueño de una modesta empresa de construcción que cuenta con tres empleados. Uno de ellos es José Vicente, quien llevaba una década trabajando para él como albañil. Ambos son los únicos detenidos en Teulada, ya que los otros cuatro residían en las vecinas Llíber y Benissa, en la comarca de la Marina Alta alicantina.
Contexto de otros casos y redes paralelas
La investigación también aborda otros escenarios: una gran operación en Gerindote, Toledo, y movimientos de una red de laboratorios en España, que muestran una preocupación compartida por las autoridades de articular estructuras que permitan producir y distribuir cocaína y metanfetamina con mayor facilidad y menor exposición. En varios fragmentos se subraya la coexistencia de estructuras legales aparentes con actividades ilícitas, y la interacción entre distintas nacionalidades que comparten objetivos criminales.
